7 may 2014

VENGANZA


NO LO DIGO EN BROMA, ni antojadizamente, ni quiero despertar susceptibilidades, pero no estaría mal sustraer unos cuantos libros de la Biblioteca Nacional del aristócrata J.L.B; no estaría mal ir a misa dominical acompañado de la familia de Marx; o salir de parranda con Hemingway y Bukowski, y de paso toparnos en el Malecón de Managua con la pandilla de Poe y Baudelaire por aquellos asuntos de las flores verdes de Ámsterdam o Uruguay; no estaría mal romperle a golpes la carita a ese Oscar Wilde. No estaría mal darles una violenta paliza a los 'drogos' de Kubrick, o lanzar tomatazos a Shakespeare en el último capítulo del Hamlet; decirle a Cardenal que deje de firmar tantas esculturas de los artesanos de Solentiname; no estaría mal amarrar juntos a Salinger y a la Garbo en una plaza pública, ante miles de fotógrafos; algo de maldad, algo de ingenuidad reparada... no estaría mal decirle a Schopenhauer personalmente que es un maldito eunuco solapado en su inventada soledad; no estaría mal asesorar a H. Bloom con su disminuido canon de "únicas-recordadas-lecturas-occidentales", o decirle al tal Nietszche que su 'Dios no existe' es un éxito rotundo en las escuelitas internacionales de garaje para ateos reprimidos; no estaría mal vengar el puñetazo en el ojo del 'vivísimo' Gabo, o decirle de frente a Sartre que es un tremendísimo pendejo, porque acabo de ver a la Simone con Camus tomando cervezas en El Panal, no estaría mal explicarle a Donoso que, pese a 'Correr el tupido velo', "siempre lo supimos (...)", cuántas cosas más, Onetti con su mala ortografía como la mía, cuántas cosas más, hechos malolientes del más alto-bajo mundillo, historias entrelazadas. Pero uno tiene que quedarse callado, ser medio 'decentito', y solo verlos dar el gran salto mortal entre las páginas, como los grandiosos acróbatas que son...cómo los amo, granujas!


por  KENNETH CHÁVEZ©


FOTO: URIEL MOLINA


13 feb 2014

EL SUR DE LA TÍA OREMUNO

FRAGMENTO: No recordaría el momento exacto cuando cayó. Como aquellos que caen un día soleado con el estómago vacío, una cerrazón se cierne sobre sus mentes al punto de olvidarse de todo. Mi tía quiso salvarme de esas, pero no pudo por falta de aliento.


K.

FRAGMENTO: Confieso que el cardonero comenzaba a asfixiarme con su vocecita chillona y pedante, pero me contuve. No quise ser el joven desempleado que cae en prisión por apalear a un horrible viejo que tan sólo él se entiende con sus pendejadas de libros.
 

9 feb 2014

YO FUI GRETA GARBO

FRAGMENTO: Greta apenas escuchaba lo que Beaton decía; fumaba plácidamente su mediano cigarrillo disparando, con su juntura de labios, copos de humo en el vacío inmediato. Se levantó de su cómodo diván y destripó las brasas de su cigarrillo contra las viejas colillas del cenicero de porcelana. 

20 ene 2013


EXPEDIENTE BABEL, (por Kenneth Chávez)- Tomoko es la estocada final que resquebraja el corazón de Mishima. Muerte en el estío abarca toda esa fuerza estética (de lo bello-cruel) en que generalmente se somete la literatura asiática, y particularmente la de este loco y desdichado heredero samurái, amante de la muerte, con una postura totalmente diferente a esa negación de vida que proponen los europeos en medio de sus crisis espirituales.

Esta se trata de una muerte auténtica y arraigada en una tradición milenaria que sólo se puede desentrañar de un código cultural propio, sin embargo el autor de la Perla y otros cuentos no se resiste en contarnos la literatura como un espejo de su vida misma, un testimonio latente que desgarra por sus ataduras en los tramas psicológicos.

Esta vida desbocada en la muerte, este espejo que se vierte en un espacio cuyas paredes son espejos traspuestos de un mundo líquido escurrido entre las manos; esta es la literatura de Yukio, su testimonio renacerá en cada palabra dicha, como cuando un hombre tiene una mancha de nacimiento en la espalda, a veces siente la necesidad de proclamarlo: <<Óiganme todos, ustedes no lo saben, pero yo tengo una mancha color púrpura en mi espalda>>.

La culpa continuará acechando a sus personajes, porque están hechos de esa sustancia llamada Negación. Tomoko ante su esposo Masaru, seguirá temiéndole, incluso luego de revelarle que su hermana junto a sus hijas han sido abrazadas por las profundas aguas de la sureña Península de Izu: -Me culpan y yo debo excusarme ante ellos. Me miran como si yo fuera la sirvienta atontada que deja caer el niño en el río.

De esta forma, Mishima, quien nunca dejó de escribir, incluso por unos cuantos yenes, logró fabricar esos personajes mal queridos, deformados por el miedo, por la zozobra de existir en un mundo donde los recuerdos son como puntas afiladas que se te clavan en la cabeza. Pobre Tomoko de papel, no podía dejar de pensar en los otros dos niños, y el remordimiento volvía nuevamente a asaltarla.      

Probablemente, el pequeño Yukio al que todos le conocieron esos dolores provocados por los golpes fuertes al corazón, o estocadas invisibles que le produjo la vida trastornada de su madre, le trajo ese mal querer, esa espina de doble punta con la que dio vida y muerte a estos infantes, a esta pobre mujer torturada por la culpa, humano inverosímil de aguantar y que frente a la máquina de coser olvidaba sus pesares, o bien porque luego perdió la costumbre de recordar.     

Una y otra vez, tratando de matar el recuerdo sin poder limpiar la sombra de esa muerte, así pienso a Mishima, porque él mismo lo dice en su ya acorralado destino, el asesino vuelve siempre al escenario del crimen, como vuelven tus palabras a tu muerte, porque Tomoko no fue más que tu propia memoria acusándote siempre, y vos le diste vida, en estas palabras, para luego leerlas  en esta página amarilla, para romper esta página, para quemar esta página, para terminar con todo esto que te sigue, y que no lograste desaparecer sino con un infinito adiós, más allá del olvido. 

28 oct 2012







MNG.OCT.2012 - por KENNETH CHÁVEZ

-Entonces pusiste a ese pobre charnego, falso charnego, con lo que no me gustan estas diferencias sociales; a ese charnego sucio, triste, enmascarado, hipócrita y romántico.

Con lo que no me gustan estas diglosias, lo que me causó más remordimiento de tu juntura de palabras contestatarias, como esa tu literatura, como ese aguijón que entra de refilón sin causar dolor, pero que luego punza por dentro.

Reversé, y no giraste, te quedaste viendo al espejo, contemplando a tu mismo personaje, a ese Marés torturado (tor-tu-ra-do, inocente tu-yo), que le pusiste en su camino a una mujer llamada Norma Valentí y luego se la quitaste.

Y así lo fuiste vistiendo de otro, el ´yo´ tuyo, con su otra circunstancia, y otra mujer tuya en tiempos pasados y que ahora le llamaste Norma, pero que nos duele tanto Norma a todos los que la queremos: viéndola multiplicada en tu palabra.  

Entonces ella se fue, y nosotros quedamos extrañándola, pese a que no éramos charnegos y no teníamos doble nacionalidad, y no éramos murcianos ni catalanes, ni vascos, ni de Andalucía, ni como le llaman a esa ciudad toda juntita, y que tiene diferentes nombres.

Y apareció Carmen, Carmina: la ciega amante del tecnicolor, de la pantalla de los dulces sonidos y los recuerdos rotos; de la no-vidente que lo tocaba todo, y que me diste tanto pesar con ella.

Cómo juegas con estos sentimientos sucios, no como Sábato, que me hizo pensar en esos niños que mataban pájaros arrancándoles los ojos con los dedos, si no que ya Carmen estaba así, por puro designio del escritor que juega a ser dios , y que la dejó ciega desde su primer aparecimiento.

Pobre hombre vos, pobre hombre con su tercer hombre hecho humanidad bifurcada, y que así Marés, de tanto verte se vio así mismo, y:

…comprobó su aspecto es el espejo de recepción. Vio a un charnego envarado y atildado mirándole a hurtadillas desde un ángulo del espejo, con media sonrisa socarrona y el ojo verde lubricado de malicia…   

Yo te digo, lo que vos mismo te dijiste a través de mí probablemente antes de ese festejado 1990, cuando entonces yo era tu lector inventado, y que me dijiste lo que yo ahora, luego de 22 años, escucho de tu boca cavernosa llena de ecos de palabras, travieso fanequilla:

La soledad se inventa espejos…  





 Arte ilustrativo: Pierre Yves Tremois